Bangladesh es una nación con un territorio de baja elevación sobre el nivel del mar con reservas de agua subterránea de poca profundidad y fácilmente accesibles. En años recientes, los avances tecnológicos han desatado la proliferación de pozos de tubería en las viviendas particulares que permiten que el 95 por ciento de la población rural de Bangladesh obtenga el agua directamente de las fuentes de abastecimiento de agua dulce subterránea. Estas fuentes están exentas de muchos patógenos y otros contaminantes que se encuentran en las aguas superficiales.
Los pozos de tubería fueron vistos como un avance para el sistema de abastecimiento de agua apta para consumo de la nación, los cuales, de hecho lo eran; pero en los últimos años se ha detectado un problema muy inquietante.
Más de uno en cinco pozos de tubería, casi 1,5 millones en total, están contaminados con niveles inaceptables de arsénico natural. La presencia de este tóxico, a menudo de acción lenta, se puso en evidencia a principios de la década de 1990 cuando pacientes con arsenicosis comenzaron a aparecer en los hospitales de Bangladesh.
La exposición prolongada a niveles elevados de arsénico puede causar cánceres de la piel, hígado y pulmones, diabetes, y afecciones cardiovasculares.
Algunos cálculos aproximados sugieren que más de 35 millones de los 126 millones de habitantes en el país beben agua de pozo con niveles de arsénico que se encuentran muy por encima de los valores que se consideran aceptables para la salud de los humanos.
Los niveles de arsénico se pueden determinar únicamente por medio de un sistema de pruebas y monitoreo que revele cuáles fuentes de suministro de agua son seguras. Cuando se detecte su presencia, éste se puede corregir por medio de sistemas domésticos de purificación en aquellos hogares donde dichos dispositivos sean accesibles.
Sin embargo, en muchos casos, la mejor opción consiste en simplemente evitar el consumo del agua con contenido de arsénico. La contaminación de los pozos es intermitente, incluso dentro de las mismas comunidades, así que como opción viable de solución, se podrían compartir los pozos limpios. Infortunadamente, este sistema es mucho menos conveniente para los usuarios y puede interpretarse como una reducción en la condición de abastecimiento de agua en aquellos hogares acostumbrados a los pozos personales y que no están convencidos de los peligros del arsénico.
Las encuestas indican que muchos bangladeshis están dispuestos a pagar por el servicio expandido de suministro de agua por tubería que pudiese equipararse a la conveniencia de tener sus propios pozos de tubería. Sin embargo, ellos podrían estar menos dispuestos a prescindir de estos convenientes pozos debido a las preocupaciones por el arsénico sin contar con un servicio de abastecimiento de agua comparable.
Actualmente, las fuentes de abastecimiento de agua por tubería llegan solamente hasta uno en tres bangladeshis, y muy pocos de ellos residen en las zonas rurales. El gobierno, con apoyo internacional, ha tomado la iniciativa para expandir estas fuentes de abastecimiento por tubería, para desarrollar nuevas y más limpias fuentes de abastecimiento de agua subterránea, y para construir más instalaciones de tratamiento de agua capaces de corregir los problemas de calidad del agua.