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El agua potable es un recurso precioso. La mayor parte de la superficie terrestre está cubierta por agua de mar. Aproximadamente un 2,5 por ciento es agua dulce— y dos tercios de ésta se encuentra congelada en las capas heladas y glaciares.

Los reservorios subterráneos son un recurso importante de suministro de agua para muchas personas. La humanidad hace uso de pozos para explotar los acuíferos renovables y no renovables para saciar su sed y regar sus cultivos.

Los ríos y lagos contienen solamente un pequeño porcentaje del agua en la Tierra — pero estas aguas superficiales son cruciales. Al igual que algunos acuíferos, éstos se reabastecen constantemente cuando el agua se desplaza desde la atmósfera hasta la Tierra y de vuelta mediante el ciclo del agua.

Pero los recursos de agua superficial están sujetos a los patrones variables de precipitación que los vuelve notoriamente poco fiables.

La protección y administración de las fuentes de abastecimiento de agua dulce, superficiales y subterráneas, es una tarea esencial.

La humanidad no puede crear más agua. Pero, mediante la administración de las fuentes de abastecimiento y los sistemas de distribución, se puede maximizar la cantidad de agua disponible y aprovechar al máximo cada gota del preciado líquido.

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