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Variabilidad/Fiabilidad

Los suministros de agua pueden parecer estables en sitios donde el agua aparece cuando giramos la llave del grifo. Sin embargo, en realidad, los suministros de agua varían significativamente debido a los cambios estacionales, patrones climatológicos, e incluso por los cambios de largo plazo en las condiciones climatológicas. Estas variaciones se perciben con mayor intensidad en los países en vías de desarrollo que no cuentan con la infraestructura de abastecimiento de agua necesaria para compensar estas fluctuaciones.

El ciclo del agua está íntimamente ligado al clima en la Tierra, y está sujeto a los mismos tipos de variabilidad que observamos en el clima. La precipitación (lluvia, nieve, aguanieve, granizo, escarcha e incluso rocío) produce una gran parte del agua potable en el mundo. La precipitación total tiene un promedio de menos de 100 mm/año en climas secos hasta más de 3,400 mm/año en regiones húmedas — una diferencia notoria.

Lamentablemente, los promedios anuales son instrumentos poco fiables de predicción de la precipitación en un año dado. Los totales reales pueden estar sujetos a cambios estacionales o anuales y a períodos de sequía prolongados que limitan seriamente la disponibilidad del agua para muchos años.

Al igual que la precipitación, el agua dulce que está congelada en glaciares permanentes, o en la nieve, es una fuente esencial de agua potable en muchas regiones. No obstante que esta agua en estado sólido está siempre presente, la cantidad de escorrentía que se puede utilizar para irrigación y como agua potable es sumamente variable. Los cambios de estaciones y temperaturas regulan el agua que está disponible a partir de dichos recursos.

Los cambios climáticos de largo plazo tendrán múltiples efectos acumulativos que cambiarán en el transcurso del tiempo. Por ejemplo, debido a que el tamaño de los glaciares determina su índice de escurrimiento o escorrentía y debido a que algunos de los glaciares en el mundo se han estado reduciendo rápidamente durante las últimas décadas, ha habido aumentos de corto plazo en los índices de escorrentía (y por lo tanto en la disponibilidad del agua) a partir de estos valiosos recursos hídricos. Sin embargo, a largo plazo, la desaparición de los glaciares representa una pérdida de almacén de agua para varios años que puede poner en peligro el abastecimiento de agua de aquellas poblaciones que dependen del agua derretida.

La escorrentía, alimentada por hielo permanete, o bien, por precipitación simplemente, a menudo es altamente variable — incluso una sola tormenta puede hacer crecer los ríos hasta sus riberas y aumentar el caudal normal varias veces. Algunas estaciones típicamente presentan mayores índices de escorrentía debido a mayores precipitaciones, menores valores de evapotranspiración, o aguanieve, y estas variaciones estacionales son relativamente fáciles de predecir — al menos en un sentido cualitativo.

Pero los caudales de los ríos sufren también variaciones de largo plazo, con períodos lluviosos o secos que pueden durar muchos meses, años o décadas. La predicción de estas variaciones de largo plazo es sumamente difícil. La incertidumbre deja a muchas personas en riesgo de sufrir escasez de agua.

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