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Exploración de alternativas

Los seres humanos no pueden controlar cuánta agua dulce produce el ciclo del agua. Sin embargo, pueden aumentar espectacularmente la cantidad de agua disponible y apta para el consumo humano. El problema de la insuficiencia de agua potable no se debe solamente a la escasez de fuentes de suministro en el mundo sino también a los problemas de administración y distribución de los recursos hídricos. Estos problemas con frecuencia tienen sus orígenes en los asuntos políticos, sociales y económicos — pero sí tienen solución.

La administración de las cuencas hidrográficas es una manera para que las comunidades puedan mejorar la calidad, la cantidad y la fiabilidad de sus recursos hídricos. El control de la erosión y la escorrentía son siempre parte esencial de un buen plan de administración de la cuenca hidrográfica. Esto se puede lograr de diferentes maneras. Los cultivos con curvas de nivel y el cultivo en terrazas han estado en práctica muchas de las áreas rurales del mundo durante miles de años. En áreas urbanas, la recolección de escorrentía superficial puede proporcionar agua para el uso inmediato y además mejora la calidad del agua al permitir que los sólidos en suspensión y los contaminantes adheridos se sedimenten antes del uso o antes de descargarla corriente abajo. Además, se puede permitir que dicha agua recolectada se filtre hacia el subsuelo y aumentar así los recursos de agua subterránea.

Más recientemente, la humanidad está aprendiendo a aprovechar los sistemas naturales, reproducirlos, e incluso combinarlos con otras tecnologías para mejorar la calidad del agua. Los sistemas naturales como las “zonas de contención” ribereñas con vegetación y los pantanos artificiales se han utilizado para proteger la calidad del agua y para reducir el sedimento y las variaciones de caudales en los ríos.

Los lagos y embalses o reservorios funcionan como instalaciones de almacenamiento de agua de gran escala y a largo plazo. La recolección de agua en estos cuerpos puede ayudar a mitigar la variabilidad estacional e incluso la variabilidad anual de la precipitación y de la escorrentía del agua. Pero los embalses o reservorios tienen sus desventajas. Las aguas a cielo abierto están sujetas a evaporación, y los reservorios están sujetos a sedimentación, lo cual reduce la capacidad de almacenamiento de agua. Existe un costo social para los embalses o reservorios si fuese necesario trasladar a las personas porque sus viviendas están localizadas en tierras que quedarán sumergidas. Los embalses pueden provocar además cambios en la calidad del agua, crear problemas para el paso de los peces y su reproducción, y alterar los patrones de las corrientes de agua.

Muchas comunidades administran los acuíferos subterráneos y el agua superficial como un solo recurso interconectado — que de hecho lo son. Esta práctica se conoce como uso conjunto, y puede permitir el consumo muy eficiente de los recursos de agua. Una estrategia típica consiste en hacer uso de más agua superficial cuando esta sea abundante (épocas lluviosas y años lluviosos) y hacer uso de más agua subterránea en los tiempos de escasez. Sin embargo, el uso conjunto puede ser mucho más complejo. En algunos casos el exceso de agua superficial o las aguas de desecho ya tratadas se devuelven al subsuelo para realimentar las reservas en los acuíferos para uso futuro, ya sea mediante infiltración natural o mediante pozos de inyección, a través de un proceso llamado recarga artificial.

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