Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los sistemas de distribución deben lograr que el agua potable esté disponible para que las personas no tengan que desplazarse más de un kilómetro desde el sitio donde utilizarán el agua. Para todas las personas, hay un costo involucrado en el logro de la distribución de agua hasta sus viviendas o hasta la comunidad. Algunos costos son monetarios, mientras que otros se cuantifican según el tiempo que demora trasladarse hacia y desde la fuente de agua potable.
Los costos monetarios son frecuentes. Algunas personas pagan a la municipalidad o a una compañía privada por la distribución de agua hasta sus viviendas. Otros que carecen de esta infraestructura pagan el costo del agua de otra manera, comprando el agua en fuentes comunitarias, en estaciones de abastecimiento de agua, en tiendas de agua envasada y otras fuentes.
Los costos cuantificados según el tiempo impactan a las personas con limitados recursos monetarios que a menudo restan tiempo a sus labores cotidianas para poder caminar hasta una fuente de agua y obtener agua limpia. El tiempo dedicado a acarrear agua representa un costo para la salud de los humanos, productividad, y en muchos casos, oportunidades educacionales — una carga que es absorbida desproporcionadamente por mujeres y niñas.
En varias localidades, los costos del suministro de agua son subsidiados por instituciones gubernamentales. En algunos casos, esto es una herramienta esencial para proporcionar agua a las comunidades con escasos recursos económicos; en otras instancias, esto puede llevar al uso ineficiente o al desperdicio del preciado líquido por parte de aquellas personas que no aprecian el verdadero costo del mismo.